jueves, 21 de septiembre de 2017

Frida Sofia

En el 85 no teníamos Facebook, ni Twitter, apenas si teléfonos para comunicarnos. La solidaridad después del sismo se dio corriendo la voz y a través del contacto directo entre personas.

Ahora, en este 2017, las redes sociales han jugado un papel importante en fomentar la solidaridad con las víctimas del sismo que devastó otra vez la Ciudad de México. Pero necesitamos mejorar la forma en que las usamos.
Me di cuenta que la gente estaba poniendo mensajes en estas redes buscando personas, y por otro lado había mensajes que informaban los lugares a donde era llevada una persona después de ser rescatada. Tenía que conectar esos dos puntos. Empecé a poner en el localizador de personas de Google toda esa información. Pero mucha de esa información no era precisa.

Como no estoy en México, no puedo comprobar la veracidad de un informe. Quise ser muy cuidadoso, así que mis textos fueron como el siguiente: “De acuerdo a un mensaje en Facebook o Twitter de Fulanito de Tal, la persona que busca fue llevada a Equis Hospital”. Si era posible incluía el link del mensaje.

Puse en Google los datos de una niña que fue rescatada del colegio Enrique Rébsamen de Villa Coapa  y fue llevada a determinado hospital. Los familiares de la niña, a la cual voy a llamar Luz de Luna, respondieron que fueron a ese hospital y no estaba. Otra persona sugirió que el hospital era otro. Los familiares fueron al otro hospital y tampoco estaba ahí.
Me di a la tarea de preguntar a las personas que pusieron esa información para averiguar si se equivocaron en el nombre del hospital o si tenían información actualizada, pero ellos sólo estaban re-transmitiendo la información. Fue difícil rastrear el origen del informe.

En esa búsqueda encontré otros mensajes diciendo que Luz de Luna murió. No se sabe si murió en el derrumbe o fue trasladada con vida a un hospital donde después falleció. Pero aunque tengo los teléfonos de sus familiares no me he atrevido a llamarles para confirmar esa información. Pudiera ser falsa.

Ahorita la televisión está centrada en el rescate de Frida Sofía de lo que queda de su escuela. Las maestras dicen que ninguna de sus alumnas se llama Frida y todas las Sofías han sido localizadas. Si hay una persona atrapada bajo los escombros no importa cómo se llame, ojalá sea rescatada con bien al igual que todas las demás personas. 
Yo daría parte de mi vida por que Luz de Luna siga viva.


Actualización: Desgraciadamente Luz de Luna, la niña de mi historia murió en el terremoto. Para honrarla, su familia formó una brigada a la cual puso su nombre y ayudó a damnificados en Morelos. Frida Sofía no existió, fue un invento de la televisora.



domingo, 13 de agosto de 2017

El Ritual

Ni siquiera a Buñuel se le hubiera ocurrido una escena así en alguna de sus películas. Un anuncio luminoso decía que el concierto de Jane’s Addiction sería transmitido a las 10 de la noche. ¿Aquí? ¿En esta árida ranchería de la sierra de Durango, a cientos de kilómetros de la civilización?

Me metí a lo que pensaba era una fonda a preguntar por más detalles. Era un burdel, la encargada me dijo que mientras tomara cerveza y pagara, no habría problema en sintonizar el canal del evento.

Llegué una hora antes, con varios de mis compañeros estudiantes de Chapingo, algunas mujeres. Después de las prácticas de agronomía, en algo había que distraerse. Nos sentamos en una mesa grande, frente a la televisión. En otras mesas habían hombres con sombrero, acompañados por mujeres del lugar. Bebían cervezas.

Al fondo estaba un pequeño escenario acondicionado para el pole dance. Una chica en topless cantaba una canción de Selena.

“Que humareda que nos viene ahogando
la gente se pregunta nadie sabe qué es
Un carro viejo que viene pitando
con llantas de triciclo y  motor al revés”.

La chica llegó a nuestra mesa con una botella de tequila en la mano. Acercó uno de sus pezones a mi boca mientras lo bañaba de licor. Sólo le sonreí, ante la desaprobación de mis compañeros varones y la curiosidad de mis compañeras. Regresó contoneándose al escenario.

“Carcacha, paso a pasito
No dejes de tambalear
Carcacha, poco a poquito
No nos vayas a dejar”.

La medianoche llegó después de dos rondas de cervezas. En la pantalla, la guitarra de Dave Navarro comenzaba el Ritual de lo Habitual, “Señores y señoras, nosotros tenemos más influencia en sus hijos que ustedes, pero los queremos”.

 Mis acompañantes me abandonaron. Las mujeres regresaron a las casas de los campesinos que nos hospedaban, -al otro día teníamos prácticas temprano, dijeron-. Los hombres corrieron al escenario donde un par de chicas bailaban alrededor de un tubo mientras se quitaban la ropa.

Una mujer con dos cervezas en la mano llegó a mi mesa.

- Hola guapo, ¿Por qué tan solito?


lunes, 24 de julio de 2017

La Angel

La vi descender de un coche con un ángel pintado en las puertas, “hola”, le dije. Hola, me respondió mientras miraba sus alas blancas.
-         -¿Crees que pueda encontrar un taxi aquí a estas horas? Me preguntó.
-         -No, es mejor que lo esperes en El Puente, le dije.

-         -Está bien, gracias, me contestó mientras se alejaba, desapareciendo en la neblina.


jueves, 29 de septiembre de 2016

It

Soñé anoche que Regina Spektor se sentaba al lado mio en un concierto de Regina Spektor.

Hablamos de varias cosas de la cuales ya no me acuerdo.

jueves, 21 de abril de 2016

A nadie...

Javier se bajó del tranvía que unía la Ciudad de México con Xochimilco en la esquina de Francisco I. Madero y José María Morelos, encaminó sus pasos a la Arena del mismo nombre. Esa tarde peleaba Dick Angelo contra El Santo.

Pagó su boleto y se sentó en una butaca del “ring-side”. Alguien le había advertido que era peligroso, que en esa área caían luchadores desde el ring. “He visto caer ángeles del cielo”, respondió. 

Efectivamente, Dick Angelo cayó varias veces a su costado, destrozando algunas sillas de metal en su caída, pero Javier no se inmutó. El luchador tomó una de las sillas para golpear a su rival y después de ser desarmado, regresó con una pala grande, -de esas para enterrar muertos-. El Santo no conocía aún ésa categoría de  luchadores  “rudos”. La idea de la lucha del bien contra el mal encendió en Javier una sonrisa.

El Santo terminó desenmascarando a Dick Angelo, quien juró se vengaría. Javier salió del inmueble y cruzó la calle para comprar en el mercado  ensalada de nopalitos, queso fresco y chicharrón. Caminó unas cuadras a la secundaria 107 donde el maestro de música ya lo esperaba.

-“Maestro, otra vez deseo morir,”  escupió Javier a quemarropa mientras Humberto tocaba al piano una polonesa de Chopin. 

Se reunían en las tardes para ensayar canciones y discutir de política. Humberto  sacó una botella de tequila para acompañar la cena, Javier sacó una de anís.

-¿Ya escribiste tu nota de suicidio?, le preguntó.
-No, aún no.
-No lo hagas. No vale la pena. Si te matas, debes resucitar al día siguiente, como el sol, -le explicó el maestro.  Los aztecas se dieron cuenta que de nada servían los sacrificios para hacer que el sol renaciera al día siguiente de su muerte. De todos modos renacía. La muerte es una mentira.

Matarse es una gran responsabilidad, debes dejar de herencia una larga vida, dijo el maestro antes de que comenzara a cantar: “Noche de ronda, / qué triste pasas; / qué triste cruzas / por mi balcón”. 
-“Noche de ronda / cómo me hieres, / cómo lastimas mi corazón”, continuó Javier.

Terminadas las botellas de tequila y anís, Javier salió de la escuela hacia la neblina que emanaba de los canales. Encontró todavía abierta una cantina. Pidió un tequila. Otro tipo también bebía en la barra. “¿También perdiste?” Le preguntó.

“Aún no me subo al ring” contestó Javier. “El escenario para mí es un reto atroz y, por otro lado, un lugar maravilloso donde me puedo expresar y hacer hipérbolas”.

-“No hagas maromas", Le aconsejó Dick Angelo. "Tienes que pelear a ras de lona, aplicar unas cuantas llaves”. Javier le dijo "gracias por el consejo", se despidió y se fue pensando en los versos para una nueva canción:  “Hojas de fresno desafinadas, cortando el cielo a besos y alas de mariposas desenfocadas…”

Escuchó a lo lejos el último consejo: ¡Y no pelees contra El Santo!”.


sábado, 2 de abril de 2016

Pablo en Chapingo

Era un 22 de febrero, celebrábamos el Día del Agrónomo, -y mi cumpleaños-. Era el único día en que las autoridades de Chapingo permitían, de hecho proporcionaban, cervezas en los comedores de la universidad.

Nos hicimos de cuantas chelas pudimos cargar para ya no tener que regresar. De pronto un grupo de mariachis apareció en la puerta del comedor tocando La Vikina. Seguimos comiendo y celebrando. El mariachi se acercaba a cada mesa para complacer con peticiones.

Cuando vino a la nuestra mis compañeros me dejaron elegir la canción (era mi cumpleaños ¿ya les dije?) y pedí Luz de Luna, de nuestro querido Negro (déjenme decirles que aún tengo resentimiento que los pinches estudiantes hayan decidido nombrar Álvaro Carrillo al auditorio principal, en lugar de Emiliano Zapata) pero en fin.

Al momento que mencionaba el título de la canción, los ojos del cantante se iluminaron. Pensé que no se la sabían, pero ¡carajo! ¡Venían a Chapingo y por lo menos tenían que haber ensayado una de nuestro Santo Patrono.  Resulta que se sabían varias, sí hicieron la tarea.

Ya borrachos, estuvimos casi una hora cantando canciones con el mariachi, parecía que no se quería ir de nuestra mesa. “Muchachos, para despedirnos por favor toquen Huapango, de Moncayo” les dije con ánimo de correrlos, sabiendo que esa sí no la tocarían.

¡Y que se arrancan! Memorable interpretación. Una delicia. El cantante al final me dijo que eran miembros de la Filarmónica de Texcoco, pero no ganaban mucho dinero y para ganar algo extra, formaron el mariachi y tocaban en  cantinas.

“Ya estaba yo decepcionado de no poder tocar la música  que me gusta”, me dijo. “Pero esta noche tú me enseñaste que la música tiene muchas caras, pude ver a Pablo saludando a Álvaro y eso es de lo que se trata esto”.

¡Salud! Brindé con mi Victoria.


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